La dama de la estación
Cuando la oscuridad llegaba e invadía la estación el silencio provocaba miedo, espanto y perdición. Los faroles se encendían la noche nunca paró, y entonces aparecía la dama de la estación. Llevaba un vestido negro tanto como su dolor, y sus ojos denotaban miedo espanto y perdición. Ella no miraba a nadie el sonido de su alma enmudeció, y poco a poco el duro tiempo le cambiaba la expresión. Hasta que no brille la luna hasta que no domine el cielo el sol ella no se iría nunca y nunca ví lo que pasó. Su respiro daba poco alivio y lloraba al pensar en sus anhelos, su mirada se quedaba en el vacío perdida en sus recuerdos. Me inspiraba miedo con tristeza me intrigaba verla allí, parecía en vida muerta sin saber que sí era así. Jamás pude preguntarle de su espera la razón, y sólo yo podía ver a la dama de la estación. By: Renzo Videira.