Epístola a los poetas que vendrán

Tal vez los poetas pregunten por qué
no celebramos la gracia de las muchachas.
Tal vez mañana los poetas pregunten
por qué nuestros poemas eran largas avenidas
por donde venía la ardiente cólera.

Yo respondo:
Por todas partes olíamos el llanto,
por todas nos sitiaba un muro
de olas negras.
¿Iba a ser la poesía 
una solitaria columna de rocío?
Tenia que ser un relámpago perpétuo.

Mientras alguien padezca
la rosa no podrá ser bella;
Mientras alguien mire el pan con envidia
el trigo no podrá dormir;
Mientras llueva sobre el pecho de los mendigos,
mi corazón no sonreirá.




OJO: No es de mi auitoría

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